Cabezabellosa (2ªCat)

 

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El acceso más habitual al valle del Jerte suele realizarse por el puerto de Tornavacas, que enlaza al norte con la provincia abulense. Por ahí debió descender en su último viaje el Emperador Carlos, para buscar la paz en el monasterio de Yuste. Desde el sur la entrada a la comarca de las cerezas es mucho más abierta y sin rampa alguna que dificulte nuestro pedaleo, mientras vamos gozando de la contemplación del embalse de Plasencia que recoge las aguas del río jerteño.
Pero también se puede llegar a esta maravillosa región atravesando las cadenas montañosas que la enmarcan. En el caso que nos ocupa lo haremos por los llamados Montes de Tras la Sierra, remontando para ello el puerto al que denominamos con el nombre del pueblo que se encuentra más cerca de la cima por la vertiente del Ambroz, Cabezabellosa.

 

Desde que dejamos atrás la N-630 la carretera enfilamos en línea recta hacia las montañas y nos vemos rodeados de tierras dedicadas fundamentalmente a la ganadería, con preponderancia de la bovina. Alguna encina y alcornoque se pueden advertir de vez en cuando, pero no encontraremos prácticamente ninguna sombra en el camino. El frescor del Ambroz ya ha quedado atrás y apenas distinguiremos en la lejanía el embalse de Gabriel y Galán, donde quizás hayamos tomado un buen baño que ahora echamos en falta. Enseguida llegamos a Villar de Plasencia, que dejamos a nuestra derecha, para continuar venciendo los algo más de diez kilómetros que aún nos faltan para coronar.

Lo mejor de todo es que ninguno de ellos alcanza el 6% de pendiente media, aunque alguno se le acerca bastante, pero no podremos decir que estemos sufriendo por las inexistentes rampas. Si acaso notamos que el esfuerzo es importante no será por las dificultades propias de la ascensión sino más bien por el rigor del clima de la zona en verano: el calor se hace notar, y de lo lindo, en esta ladera montañosa.
Poco a poco, pero sin descanso, vamos ganando altura a medida que trazamos abundantes herraduras que nos cambian continuamente la perspectiva sobre el valle del Ambroz: es la mejor manera de entretenerse, porque el calor puede hacerse tan insoportable algunos días que quizás no sea de extrañar la advocación de la iglesia parroquial del pueblo de Cabezabellosa.

 

Al llegar al núcleo de Cabezabellosa, al que no entraremos a no ser que necesitemos desesperadamente hallar una fuente, apenas nos separan dos kilómetros de la cima. Ahora sí, al coronar nos vemos inmersos en un paraje de pastizales y rediles para el ganado, al que algún roblecillo le otorga el toque de color verde de esta llamada Dehesa de Arriba: ¿a que este nombre se entiende mucho más fácilmente?